El gallo Kiriko


Érase una vez un gallo muy presumido que, cuando estaba tomando el sol, recibió la visita del cartero.
- ¡Hola, Kiriko! ¿Qué tal estás?
- Bien. Aquí tomando el sol para que mis plumas se pongan morenas.
 - Te traigo una invitación para ir a la boda del tío Perico, dijo el cartero.
- !Qué bien!
 Y Kirico se vistió muy elegante para ir a la boda.

Cuando iba por el camino se encontró con un gusanito y pensó comérselo. 
- Si pico y como el gusanito me mancho el pico. Y... si no pico me muero de hambre.
Después de pensarlo un rato se lo comió, y el pico mucho se lo ensució.

 
  

Siguió caminando y llegó a un prado de fresca hierba y dirigiéndose a ella le dijo: 
- Hierba, límpiame el pico, que voy a la boda del tío Perico.
- Te lo limpiaré si me dices dónde está el gusanito, contestó la hierba.
- ¡Gusano, gusanito! ¿Dónde estás que hoy no te he visto?, gritó el gallo.
Y el gusanito contestaba:
-¡En la barriga del gallo Kirico que va a la boda del tío Perico!
- Pues por mentiroso, límpiate tú solo el pico, le despidió la hierba.

  

Cabizbajo siguió su camino el gallo, cuando se encontró con una oveja. 
 - Oveja, cómete a la hierba que no quiso limpiarme el pico para ir a la boda del tío Perico, le pidió el gallo.
- Me la comeré si me dices dónde está el gusanito, contestó la oveja.
- ¡Gusano, gusanito! ¿Dónde estás que hoy no te he visto?, gritó el gallo.
- ¡En la barriga del gallo Kirico que va a la boda del tío Perico!, contestó el gusanito.
- Pues por mentiroso, límpiate tú solo el pico, le despidió la oveja.

  
 

 

Prosiguió su viaje y se encontró con el lobo que estaba escondido detrás de unos matorrales.

- Lobo, come a la oveja que no quiso comer la hierba, que no quiso limpiarme el pico para ir a la boda del tío Perico, le pidió el gallo.
- La comeré si me dices dónde está el gusanito, contestó el lobo.
- ¡Gusano, gusanito! ¿Dónde estás que hoy no te he visto?, gritó disimulando el gallo.
- ¡En la barriga del gallo Kiriko que va a la boda del tío Perico!, contestó el gusanito.
- Pues por mentiroso, límpiate tú solo el pico.
Y dándose media vuelta le dijo adiós con el rabo.

   
 

El gallo Kirico siguió andando y se tropezó en un recodo del camino con un palo.

- Palo, pega al lobo que no quiso comer  la oveja, que no quiso comer la hierba, que no quiso limpiarme el pico para ir a la boda del tío Perico.
- Le pegaré si me dices dónde está el gusanito, le contestó el palo.
- ¡Gusano, gusanito! ¿Dónde estás que hoy no te he visto?, gritó el gallo.
- ¡En la barriga del gallo Kirico que va a la boda del tío Perico!, contestó el gusanito.
- Pues por mentiroso, límpiate tú solo el pico, le despidió el palo.

 

  
 

Muy apenado y con el pico manchado, el gallo Kirico caminó..., cuando a lo lejos divisó fuego. Se acercó y le pidió: 
 
- Fuego, quema al palo que no quiso pegar al lobo, que no quiso comer  la oveja, que no quiso comer la hierba, que no quiso limpiarme el pico para ir a la boda del tío Perico.
- Lo quemaré si me dices dónde está el gusanito, chispeó el fuego.
- ¡Gusano, gusanito! ¿Dónde estás que hoy no te he visto?, volvió a gritar el mentiroso gallo.
- ¡En la barriga del gallo Kirico que va a la boda del tío Perico!, repitió el gusanito.
- Pues por mentiroso, límpiate tú solo el pico.
Y el fuego siguió ardiendo con sus llamas de vivos colores.

  
 

Kirico se alejó moviendo su cresta. Iba pensando tristemente que la boda comenzaría sin él. De repente levantó su cabeza y escuchó. Oía un ruido. ¡Sí!, era el choque del agua contra la piedras. Corrió y se encontró con un río.

- Agua, apaga el fuego que no quiso quemar al palo, que no quiso pegar al lobo, que no quiso comer  la oveja, que no quiso comer la hierba, que no quiso limpiarme el pico para ir a la boda del tío Perico.
- Lo apagaré si me dices dónde está el gusanito, contestó el agua con su voz cristalina.
- ¡Gusano, gusanito! ¿Dónde estás que hoy no te he visto?, gritó al aire el gallo.
- ¡En la barriga del gallo Kirico que va a la boda del tío Perico!, contestó el gusanito.
- Pues por mentiroso, límpiate tú solo el pico.
Y el agua siguió río abajo.

  
 

Con prisa cruzó el puente el gallo Kirico y desde allí pudo ver a una vaca que estaba pastando en el valle. Hacia allí dirigió sus pasos.

- Vaca, bebe el agua que no quiso apagar el fuego, que no quiso quemar al palo, que no quiso pegar al lobo, que no quiso comer  la oveja, que no quiso comer la hierba, que no quiso limpiarme el pico para ir a la boda del tío Perico.
- La beberé si me dices dónde está el gusanito, mugió la vaca.
- ¡Gusano, gusanito! ¿Dónde estás que hoy no te he visto?, gritó el gallo.
- ¡En la barriga del gallo Kirico que va a la boda del tío Perico!, contestó el gusanito.
- Pues por mentiroso, límpiate tú solo el pico.
Y la vaca, dándole la espalda, siguió rumiando.

 

  
 

¡Qué desdichado era el gallo! Con su pico sucio no podría ir a la boda del tío Perico. Nadie le ayudaba. Se sentía muy solo. Triste y pensativo se sentó a la sombra de un árbol, cuando acertó a pasar por allí una linda muchachita.

- ¿Qué te ocurre, gallo Kirico?
El gallo la miró y casi con lágrimas en los ojos le contó la verdad.
- Me he comido al gusanito, me manché el pico y nadie me lo ha querido limpiar, porque les mentía diciendo que no había visto al gusanito. Así que no podré ir a la boda del tío Perico, se lamentó el gallo.
- Yo te limpiaré, pero antes has de sacar el gusanito de tu barriga y prometerme no volver a mentir jamás.
- De acuerdo. Lo prometo, contestó Kirico.
A continuación tosió y tosió hasta que por fin el gusanito salió.
Ah! Por fin fuera, exclamó el gusanito.
La niña le limpió muy bien el pico y el gallo le dio un sonoro beso. ¡¡Kikirimuá!!
- Gracias, linda niña. Perdóname, gusanito. ¡Adiós, adiós!, me voy corriendo a la boda del tío Perico.

Y allá fue saltando, brincando y revoloteando el gallo Kirico, mientras de su pico salían gritos de alegría: ¡Kikiriqui, kikiriqui ...!

Y colorín colorado este kikiricuento se ha acabado.

         
 
 
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