Portada


BIOGRAFÍA DE LA FÍSICA: UN HOMBRE LLAMADO BOHR


Muchos de nosotros tal vez hayamos oído hablar alguna vez del modelo atómico de Bohr. Pero quizá no sepamos apenas nada de quién fue ese tal Bohr que propuso esa nueva forma de entender el átomo.

Si buscamos en una enciclopedia cualquiera podemos encontrar cosas como ésta: "Niels Bohr (1885-1962) Físico danés, premio Nobel en 1922. Sus trabajos contribuyeron al desarrollo de la mecánica cuántica y al descubrimiento de la bomba atómica."

Sin embargo, detrás de esos fríos datos biográficos, detrás de los descubrimientos y de la fama dejada por cada científico, hay unas circunstancias y una forma de ser, que nos pueden dar una idea de la ciencia, mucho más rica y humana que la que podemos sacar leyendo un árido libro de Física.

A continuación entresaco algunos párrafos del libro "Biografía de la Física". Su autor, George Gamow, discípulo de Bohr y premio nóbel de Física como él, nos acerca en un tono desenfadado a la figura, un tanto curiosa, de su maestro. Recomendamos la lectura de esta obra a todo aquel que quiera saber algo más de la Física, que lo que dicen sus leyes y teorías. En él aparecen facetas poco conocidas de muchos científicos famosos: Newton, Cavendish, Planck, Einstein, ... que pueden asombrarnos y enriquecernos mucho. El libro, pequeño y de fácil lectura, está editado en la colección "El Libro de Bolsillo", de Alianza Editorial. En la biblioteca del departamento Física y Química del instituto tenemos algún ejemplar a disposición de todos aquellos que deseen leerlo.


"En 1911 llegó a Manchester un joven (veinticinco años) físico danés llamado Niels Bohr, que durante sus estudios en la Universidad de Copenhague aplicó su experiencia de jugador bien conocido de fútbol al problema de la dispersión de las partículas alfa a través de una muchedumbre de átomos que tratan de atraparlas y detenerlas. Por aquellas fechas, Rutherford estaba realizando sus experimentos que abrirían una nueva era de la física y llevaron al descubrimiento del núcleo atómico. Bohr gustaba de las ideas de Rutherford y éste dijo a un amigo: "Este joven danés es el mozo más inteligente que hasta ahora he encontrado". Así, se hicieron amigos y fueron compañeros de armas en adelante.

Es prácticamente imposible describirle Niels Bohr a una persona que nunca trabajó con él. Probablemente su cualidad más característica era la lentitud de su pensamiento y comprensión. Cuando, a fines de la segunda década del siglo y principio de la tercera, el autor de estas líneas fue uno de los "muchachos de Bohr" que trabajaban en su Instituto de Copenhague con una beca de Carlsberg (la mejor cerveza del mundo), tuvo muchas ocasiones de observarle. Al atardecer, cuando un grupo de discípulos de Bohr "trabajaban" en el Instituto Blegdamsvejen discutiendo los últimos problemas de la teoría cuántica o jugando al ping-pong en la mesa de la biblioteca con tazas de café en ella para hacer más difícil el juego, aparecía Bohr diciendo estar muy cansado y que le gustaría "hacer algo". Hacer algo significaba indefectiblemente ir al cine, y las únicas películas que le gustaban eran las tituladas "Lucha a tiros en el rancho Lazy Gree" o "El jinete solitario y una muchacha india". Pero era penoso ir al cine con Bohr. No podía seguir el argumento y nos preguntaba constantemente, con gran enojo del resto del público, cosas como ésta: "Es ésta la hermana del cow-boy que mató de un tiro al indio que quiso robar un rebaño de ganado que pertenecía a su cuñado?". 

La misma lentitud de reacción mostraba en las reuniones científicas. Muchas veces, un joven físico visitante (la mayoría de los físicos que visitaban Copenhague eran jóvenes) hablaba brillantemente de sus recientes cálculos sobre algún intrincado problema de la teoría cuántica. Todo el mundo, en el público comprendía claramente el razonamiento, menos Bohr. Así, todo el mundo empezaba a explicarle el sencillo punto que había equivocado y en la barahúnda que se producía, todo el mundo terminaba por no comprender nada. Por último, después de mucho tiempo, Bohr comenzaba a comprender y resultaba que lo que había comprendido sobre el problema presentado por el visitante era absolutamente distinto de lo que éste pensaba y esto era lo correcto, mientras que la interpretación del visitante estaba equivocada.

La afición de Bohr a las películas del Oeste se tradujo en una teoría desconocida para todos excepto para sus compañeros de cine de aquel tiempo. Todo el mundo sabe que en todas las películas del Oeste (al menos en el estilo de Hollywood) el malo siempre dispara en seguida, pero el bueno es más rápido y siempre mata al bribón. Niels Bohr atribuyó este fenómeno a la diferencia entre acciones deliberadas y acciones condicionadas. El bribón ha de decidir cuando ha de echar mano a la pistola, lo que retrasa su acción, mientras que el héroe actúa más rápidamente porque actúa sin pensar cuando ve al bribón coger la pistola. Todos discrepamos de la teoría y a la mañana siguiente el autor se fue a una tienda de juguetes para comprar un par de pistolas de cow-boy. Nosotros disparábamos sobre Bohr, que hacía de héroe, pero él nos mató a todos.

Otra anécdota sobre el espíritu deportista de Bohr. Una vez, ya tarde, por la noche (hacia las once en los relojes de Copenhague), el autor volvía con Bohr, la señora Bohr y un físico holandés, Cas Casimir, de una cena dada por uno de los miembros del Instituto de Bohr. Cas era un experto escalador y a menudo podía vérsele en la biblioteca del Instituto encaramado cerca del techo en lo alto de los estantes de libros con un libro en la mano y las dos piernas estiradas a lo largo. Ibamos por una calle desierta y pasamos al lado del edificio de un Banco. La fachada del Banco, formada por grandes bloques de cemento, llamó la atención de Casimir y escaló dos pisos. Cuando bajó, Bohr quiso igualar la hazaña y ascendió lentamente por la fachada del Banco. Algo confusos, la señora Bohr, Cas y yo estábamos debajo observando la lenta ascensión de Bohr por la pared. En este momento, dos guardias de la ronda de noche se aproximaron rápidamente por detrás dispuestos a actuar. Miraron a Bohr, que pendía entre el primero y segundo piso, y uno de ellos dijo: ­¡Oh, no es más que el profesor Bohr!, y ya completamente tranquilos, siguieron su camino."


José Miguel Domingo
Departamento de Física y Química.
IES de Cistierna (León)