El curso escolar
1999-2000 ha sido pródigo en acontecimientos literarios y lingüísticos que
vamos a repasar y resumir brevemente.
Durante todo el año 1999
hemos recordado y celebrado los 900 años de la muerte, en Valencia, de Rodrigo
Díaz de Vivar, el Cid Campeador, el protagonista de la más completa obra de
nuestra épica, El Poema de Mío Cid, la personificación más genuina del espíritu
castellano.
Quinientos años ha hecho
ya que Fadrique Alemán de Basilea sacó de su artesanal y prestigiosa imprenta
–ubicada junto al corazón de la catedral, en el inmueble que actualmente
ocupa el Mesón El Cid– la primera edición de la Tragicomedia de Calisto y
Melibea, más conocida por La Celestina, escrita por Fernando de Rojas, una de
las principales joyas de la literatura universal y sin duda, la obra cumbre de
la literatura medieval española.
Esta conmemoración y
recuerdo tiene su continuidad en “El jardín de Melibea”, jardín de amor,
de pasiones, de deseos... que hemos admirado en el Monasterio de San Juan y que
ha merecido los más elocuentes elogios de cuantos lo han visitado.
En el mes de septiembre
de 1999 la Academia Sueca concedió el último Premio Nobel de Literatura del
siglo XX.
Este universal y
prestigioso Premio fue otorgado al escritor alemán, de 72 años, Günter Grass
autor de varias obras, entre las que destaca “El tambor de hojalata” en la
que se concentran todas las preocupaciones y obsesiones que han acompañado a
este extraordinario escritor a lo largo de su vida y en la que, según él
“hace una revisión de la historia desde el punto de vista de los olvidados,
de los perdedores y de las víctimas de todo tipo”.
Se da el curioso y
cultural caso de que este autor acababa de recibir, también, el Premio Príncipe
de Asturias de las Letras 1999.
Miguel Delibes ha sido el
ganador del Premio Nacional de Narrativa 1999 por su novela “El hereje” que
fue seleccionada como la mejor novela de 1998. Es la segunda vez que el escritor
castellano obtiene este premio que ya se adjudicó en 1995 por su “Diario de
un cazador”.
“El hereje” se centra
en la peripecia vital de un converso al protestantismo en el siglo XVI que fue
procesado por la Inquisición y condenado a la hoguera al ser descubierto junto
a un grupo de conversos.
En el mes de octubre el
poeta madrileño José Hierro ganó el Premio Nacional de Poesía por su libro
“Cuaderno de Nueva York”.
En la obra –una
treintena de poemas– cuenta José Hierro su experiencia durante una estancia
en la “gran manzana”, planteando un bello contraste entre sueño y realidad.
A juicio de Fernando Lázaro
Carreter, ex Director de la Real Academia, “ “Cuaderno de Nueva York” es,
sin duda, una de las obras cumbre de la poesía española del siglo”.
José Hierro, igualmente,
había recibido, también, este año 1999 (el 23 de abril) el Premio Cervantes.
En el mundo del teatro
tenemos que hacer mención de Agustín García Calvo que obtuvo el día 26 de
octubre el Premio Nacional de Literatura Dramática 1999.
El escritor y filósofo
zamorano ganó el Premio Nacional por su obra “La baraja del Rey Don Pedro”
en la que el autor reflexiona sobre el poder, el sexo y el amor a través de los
enfrentamientos entre Pedro I el Cruel y Enrique II de Trastámara.
Este mismo día, la
actriz madrileña María Jesús Valdés fue reconocida con el Nacional de
Teatro.
Pero en el panorama
literario español de este curso no todo ha sido positivo. En el mes de
diciembre España entera lloraba la desaparición de Rafael Alberti, el único
representante que nos quedaba del Grupo poético del 27.
Se marchó “el marinero
en tierra”, a sus cerca de 97 años, dejándonos más de treinta libros poéticos
y varias obras teatrales importantes.
Y también tuvimos que
lamentar otra gran baja literaria en el mes de abril: la del gran dramaturgo
Antonio Buero Vallejo.
Había nacido en
Guadalajara en 1916, el mismo año, curiosamente, que Camilo José Cela y Blas
de Otero. En 1939 conoce en prisión a Miguel Hernández.
Sin duda alguna el
dramaturgo era uno de los autores que ha marcado el teatro español en la
segunda mitad del siglo XX.
Desde que en 1949 obtuvo
el Premio Lope de Vega por su obra “Historia de una escalera” no cesó de
presentar a la escena obras extraordinarias acogidas positivamente por crítica
y público.
El Premio Nacional de
Teatro en 1957 y 1958, su ingreso en la Real Academia Española en 1971, el
Premio Cervantes de 1986 y el Premio Nacional de las Letras Españolas en 1996
avalan su carrera como el creador del nuevo drama español.
No podemos concluir estos
esquemas literarios sin recordar una fecha histórica: la del 7 de abril del año
2000. Ese día, la Infanta Doña Elena y su esposo Don Jaime de Marichalar,
Duques de Lugo, presidieron en el monasterio de Santo Domingo de Silos el acto
fundacional del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, que contará con su
sede en nuestra ciudad. Doña Elena resaltó en el acto que “el castellano es
una lengua que es nervio y soporte de una cultura integradora que no necesita
imponerse”.