España,
marzo de 2000
Queridos hijos
Colacho y Marina:
Solo llevo una semana en mi casa del pueblo y quiero
enviaros, no más, noticia y seña. Casi tres meses he estado con vosotros y a
verdad que nunca había sido tan feliz: ¡qué alegría tan grande ver casarse a
un hijo y ser la madrina de bodas! Esto mismo y otras cosas hay que se dicen
mejor en la distancia. Y eso pienso hacer con vuestro permiso.
Vuestra boda en Arequipa me ha gustado porque me ha
hecho recordar la mía en la que puse, antes y después de la ceremonia, empeño
por tener un hombre a mi lado siempre que lo necesitara. Para sentirme segura,
colaborar en su trabajo, y para que me ayudara en la educación y oficio de los
hijos. Y, por supuesto ¡qué caray!, para presumir y disfrutar de mi hombre. En
vosotros he visto menos afán posesivo y más igualdad en el trato.
Vuestra boda me ha gustado porque he conocido a un
hombre, tu padre, Marina, viudo como yo y padrino vuestro. No te voy a describir
la figura de tu padre, pero he pasado ratos muy felices a su lado. Ha sido muy
delicado en el trato, tanto de ceremonia como de diario. Hemos paseado juntos,
hecho excursiones, ha sido mi anfitrión y cicerone. Todo lo que conoce me lo ha
enseñado. Recuerdo que el día que visitamos el primer yacimiento arqueológico
nacional de Perú, la ciudad de Machupiccho, declarado patrimonio de la
humanidad por la UNESCO, emocionado sin duda por la trascendencia cultural del
cuadro contemplado, me tomó la mano y alzándola hasta su cara la acarició besándola.
Los viajes que hemos hecho por el Este me han
acercado a la selva amazónica tropical, ese mundo húmedo y forestal de cientos
de especies distintas por hectárea de bosque. Un mundo silencioso, poblado de
insectos, aves, reptiles y mamíferos arborícolas. Y de seres integrados en ese
ecosistema, que viven una vida humana porque son hombres, aunque no escriban y
su comunicación sea gestual y oral. Son hermanos nuestros de especie (“Homo
sapiens”), y viven de la recolección de frutos e insectos, y de la caza
con arco y trampas. Son indios peruanos y están en su medio silvestre. Este
bosque, según me decía tu padre, se ve alterado por la rápida explotación
maderera a que lo está sometiendo el hombre blanco y civilizado. ¡Ahí va, más
madera!
En Puno y Tiahuanaco descansamos relajadamente a
4.000 metros de altura contemplando las dulces y azuladas aguas del lago sagrado
inca Titicaca. ¡Qué pausa graciosa incaica conserva tu padre, --Marina--
hablando! Cuando supe que se llamaba Araucino me quedé inexpresiva. Ahora,
después de pronunciarlo tantas veces, encuentro que tiene mucha musicalidad.
Hablando de vosotros, cosa que hemos hecho con frecuencia durante el viaje, le
pregunté a tu padre: ¿Crees Araucino que nuestros hijos han hecho bien,
encajarán, se sentirán queridos el uno por el otro? Y él me contestó que sí,
que os veía mejor preparados de lo que estuvo él. Entonces me sentí tan
reconfortada que le di un abrazo.
Visitamos, por supuesto, la costera y exuberante
Lima, capital fundente de las culturas tradicional, conquistadora y moderna;
bandeja representante de los productos del mestizaje génico y cultural incahispánico.
Su monumento histórico por excelencia: la universidad más antigua de América.
Su lugar de encuentro, alimento, sudor y color: el mercado de abastos. Ambos
dicen lo que es Lima: una gran plaza a donde bajan todas las mañanas gentes e
indios de toda parte andina hablando quechua y español tradicional a ofrecer
papas, mandiocas, frijones y toda clase de productos, y a ofrecerse como mano
hacendosa y mente despierta.
No sabéis lo orgulloso que se sentía paseando
conmigo del brazo por las grandes avenidas y paseos de Cuzco, esa segunda
población, en número, después de Lima, dominadora del altiplano y capital del
imperio inga de Tahuantinsuyo. Me
mostró sus jardines, los palacios incas y la Catedral barroca hispánica.
Ha sido un placer ver a un hombre como tu padre contándome cosas y
cosas, sintiéndose orgulloso de la historia de su patria. Y siempre pendiente
de mí: “¿Te encuentras a gusto,
Eustaquia?” “¿Te agrada nuestro Perú?”
He traído una maleta tan cargada de recuerdos que me parece estar viviendo otra vida, una vida nueva. Tanto que me he convertido en mensajera y recomiendo viajar y conocer Perú para sentirse mejor y llenar los pulmones de aire fresco. ¡Cómo no recordar esas aguas de los ríos en las que me he bañado con tu padre, esos montes explorados con mochila ligera al hombro, con paradas oportunas para recobrar el resuello, almorzar y echar una dormidita! Justo para tomar fuerzas y poder triscar de nuevo por tajos baquianos.
Así, pues, vengo enamorada. Digo..., quiero decir encantada, o sea que me ha gustado todo. Recibid un abrazo muy fuerte de vuestra madre que se siente orgullosa de vosotros, hijos.
Eustaquia
Antonio Barbero
PORQUE NO TE TENGO,
Y POR TI, ME VOY MURIENDO
EN ESTE MAR DE SOLEDAD.
PORQUE TE AMO EN SILENCIO
Y POR VERTE, ME ESTOY
DESVANECIENDO
COMO NIEBLA ENTRE TU SUEÑO.
PORQUE VIVO LOS DÍAS SIN TI
Y YO AQUÍ TRISTE DE MÍ
ME VOY OLVIDANDO DE TI.
PORQUE YO EN MI MUNDO Y TÚ EN EL TUYO
SE VA PASANDO EL TIEMPO
EN ESTE, NUESTRO TRISTE LAMENTO.
PORQUE TUS RECUERDOS AÚN VIVOS
EL MAR SE LOS LLEVÓ
Y EL VIENTO LOS RECOGIÓ.
PORQUE NO VOLVERÉ A VERTE
GRABARÉ TU VOZ EN EL SILENCIO
Y TU FIGURA EN MI SUEÑO.
1º FP2 Higiene Dental