ADIÓS COMPAÑERO

Querido amigo y compañero: 

Pasaste muchos años de tu vida entre las paredes de este Instituto, lo conociste de ésta y aquella manera, viste entrar y salir a directores, compañeros y a generaciones y generaciones de alumnos. Las cosas siempre son más resistentes que nosotros y es verdad eso de que nadie es imprescindible y que parece que, hasta en largas trayectorias como la tuya, uno empezara y terminara viendo lo mismo ... pizarras, aulas, compañeros y alumnos. Pero la historia de este Instituto, la que da forma a ese corazón que late en cada piedra, la que se construye con los recuerdos de todas las historias, esa te pertenece y no podrá prescindir nunca de ti, de tus particularidades, de tu especial manera de sentir y vivir esta extraña profesión. 

Y de entre todas esas peculiaridades que nos dotan de identidad y que crean la realidad que luego parece (sólo parece) ignorarnos, hay tres tuyas que nos gustaría destacar sobre otras: la ilusión, la tenacidad y la bondad. Te gustaba mucho tu trabajo y te ilusionabas con cualquier cosa que con él se relacionase. Fuiste tenaz e incluso nos atreveríamos a decir que un poco cabezota, porque, a pesar de esa mala salud que te acompañó durante largo tiempo, tú te empeñaste en seguir con la tiza en la mano hasta el final, como si ella fuera la portadora de una solución que, desgraciadamente, no pudo concretarse. Y lo de la bondad es una de las cosas que siempre identificaremos contigo. Hay que personas que enferman y se vuelven hurañas y desconfiadas, pero tu enfermedad consistía, en parte, en obsequiarnos con helados, sonrisas, fotografías y palabras de afecto.

Un hombre frágil y vulnerable escondido en un voluminoso cuerpo, que requería con la mirada el cariño y la delicadeza que él otorgaba. Perdona si alguna vez no supimos estar a la altura de tan nobles sentimientos.

Y no es nuestra intención ponernos trágicos ni sensibleros, porque este tipo de despedidas son siempre circunstanciales, y lo que vamos a conservar de ti hasta que nos encontremos es algo positivo y hermoso que forma ya parte de la historia de todos los que te conocimos, y, por supuesto, de la de este Instituto, que tanto significó para ti.

Gracias Delfín,

Tus compañeros.


* DELFÍN *

  Era sencillo conversar contigo,
pues siempre estaba la bondad por medio
haciendo todo fácil con amigos,
poniendo a la dificultad remedio.

  El tono riguroso y educado
recuerdan los alumnos de tus clases.
Y en la fiesta, el ping pong bien calculado
te ponía en la final, con los ases.

  Hoy, desde esa atalaya en que te encuentras
gozando del descanso merecido,
ves el vaivén de nuestras vidas; mientras,

  mansamente del tiempo conducidos,
nuestros barcos por el abrigo adentran
en busca del shabath, Delfín querido.  

Antonio Barbero

Burgos, 18 de mayo de 2000