SABER VER CINE

El cine es el arte más dinámico y discutido de nuestro tiempo. En su inspiración intervienen diversos factores: la composición, el guión, el montaje, etc. La interacción creativa de todos ellos produce una fascinación enorme.

Es el reino de la imagen. Todo cuanto le llega al espectador es esencialmente sensitivo, más impactante que lo que le llega a través de la letra impresa o el lenguaje oral. Para aprovechar el indudable atractivo que tiene en la actualidad es preciso un notable esfuerzo. No basta con ver cine: hay que saber ver cine.

No vendría mal aquí una sana actitud inconformista que incluya el "antes, en y después " de ver una película. La presión de la publicidad en los medios de comunicación es tan desmesurada que puede llegar un momento en que sean "otros" los que nos digan que es lo que tenemos que ver. Uno de los efectos de una buena formación es que , quien la posee, sabe discernir la importancia de las personas, los sucesos y las cosas no en función del espacio que le dedica la prensa o la TV sino según su verdadero relieve. Y además, el saber razonar el pro o el contra de un determinado planteamiento con arreglo a criterios de seriedad, así como saber diferenciar los matices, aportar visión de conjunto.

En otras palabras: el espectador inteligente - al que por el mero hecho de serio no le sobra el tiempo - debe seleccionar lo que ve, para que esa actividad no dañe las demás. Tenemos, pues, el primer esfuerzo, el reto inicial. Posiblemente el más costoso pero también el más importante.

Es frecuente encontrarse con quienes al escuchar este tipo de consideraciones piensan que se les está sometiendo a una inculturización obligatoria, por la vía de ver "películas de pensar" cuando en realidad lo único que desean es pasar el rato. Reiteradamente se observa este tipo de razonamiento cuando lo cierto es que un buen espectador ha de tener un amplio horizonte de gustos y saber juzgar cuanto contempla. Al igual que una persona que sólo lee novelas de aventuras y es incapaz de leer una novela profunda, un buen ensayo, un libro de poesía o una obra de teatro, el que sólo ve películas superficiales demuestra tener una formación cultural bastante superficial. En el cine -como en los libros- , hay poesía, drama, reflexión, y también buenas películas de aventuras y comedias. Es muy enriquecedor poder apreciar todo lo bueno que hay en cada uno de estos géneros, sin limitarse a trabajar uno en exclusiva.

El espectador con sano juicio crítico sabrá discernir -una vez que ha seleccionado con criterio la cinta -los aciertos y los errores de las imágenes que le llegan, sus momentos originales o su vulgaridad. Todo lo transmitido durante la película se asentará en su mente, y lo podrá relacionar con su bagaje previo, mejorando así la propia formación.

Pero para poder adquirir esa ponderación es capital una sólida formación en todos los aspectos. Esto se consigue - entre otras maneras -a través de las buenas lecturas. La formación cultural se adquiere sobre todo con los libros que obligan a uno a reflexionar, a "caminar intelectualmente" con motor propio. Y esta es parte importante de la forja de la propia personalidad, tarea que no es sólo para la adolescencia. Porque no hay que olvidar que, detrás de todos los planteamientos cinematográficos hay alguien, con las ideas y la intención más o menos claras, que también ha bebido en las fuentes del papel impreso y que quiere transmitir algo, bueno o malo, moral o inmoral, a través de la fuerza, maravillosa y terrible a la vez, de unas imágenes.

El Cine es un arte, el Séptimo Arte, y lo visual es sólo uno de los elementos -quizá el principal, eso sí - que configuran su potencialidad artística. En realidad el cine agrupa elementos propios de la pintura, de la escultura, de la arquitectura, de la música, del teatro, de la literatura, de la filosofía...

Este enfoque global ha llevado a algunos ensayistas a hablar del cine como de un arte compartido, frente a la tesis de cine de autor o del director como estrella. Estos autores defienden que una película es siempre el resultado de la labor artística más o menos independiente de un grupo de profesionales muy variados.

En este sentido, e independientemente de estar de acuerdo completamente con el concepto del cine como arte compartido, ya cabe aportar una primera idea que permite valorar si una película es buena o mala: su calidad depende de la calidad de los distintos elementos artísticos y técnicos que la componen. Desde la señalada perspectiva global del cine, es claro que una película será buena si en su conjunto mantiene un alto grado de calidad, más o menos similar, en su guión, su realización, su fotografía, su música, su montaje, su ambientación, su vestuario, su dirección artística, ... y también en sus planteamientos de fondo.

Federico Monsalve Irusta

Profesor de Química