Carta de unos buenos chicos
Queridos profesores: hoy creemos que es el momento perfecto para deciros eso que tanto nos cuesta: "muchas gracias" y "perdón".
Gracias principalmente por vuestra calidad humana, que muchos profesores pierden con el paso de los años y que con vosotros parece ser que cada año es un reto, hecho muy importante porque cada curso los alumnos son diferentes.
Por lo mucho que nos habéis enseñado en estos dos años, pero no sólo en lo referente a matemáticas, inglés o historia... sino por todos esos consejos que nos ayudarán en el futuro.
Quizás se nos olviden las leyes de Newton o lo que escribió Rubén Darío, pero lo que no se nos va a olvidar es cada uno de vuestros sermones, que nos serán útiles a pesar de que en su momento no nos gustase oírlos.
Perdón por todas las chiquilladas que podamos haber hecho y todos los malos ratos que os hayamos hecho pasar. Pero, ¿desde cuándo un adolescente no las lía?
Sentimos todas las veces que os hayamos decepcionado con nuestros suspensos, pero no podréis negar que también os hemos dado satisfacciones y que os hemos hecho pasar buenos momentos. Momentos que esperamos que no olvidéis porque nosotros siempre los recordaremos.
Hemos encontrado en vosotros más que a unos profesores y, por eso queremos agradecer el apoyo y la comprensión con que nos habéis obsequiado. GRACIAS.
Respuesta de unos agradecidos profesores
Queridos alumnos: nos sentimos, ciertamente, abrumados y satisfechos por vuestras palabras y queremos aprovechar la oportunidad que nos brindáis para dejar constancia de que el perdón y las gracias son algo mutuo.
Perdón por todo el aburrimiento que, seguramente, os hemos provocado con nuestras interminables explicaciones, por el cansancio y el estrés de las épocas de exámenes y por las reiterados sermones sobre la necesidad de más estudio y atención.
Gracias por habernos escuchado, por haber realizado casi siempre los trabajos encomendados, por haber participado con interés en las actividades de clase y por dejarnos compartir vuestro entusiasmo y juventud.
Ha sido, de verdad, un placer entrar en el aula con vosotros y todo el que lea las palabras que nos habéis escrito entenderá la suerte que, como profesores y seres humanos, nos ha acompañado.
Añoranza
Hoy es el día en que me reúno con mis antiguos compañeros de acceso y empezamos a recordar aquellos momentos que compartimos juntos el año pasado, y todos nos ponemos melancólicos. Siempre que nos encontramos, acabamos nuestra conversación mencionando el nombre de "Acceso A".
Cada vez que recibo cartas o llamo por teléfono a aquellos compañeros que ya no están con nosotros en el Centro, vienen a mi mente miles de imágenes, llenas de recuerdos de momentos vividos junto a ellos.
Recuerdo con añoranza aquella primera excursión a las lagunas de Neila, en la cual pudimos conocernos un poco mejor. Viene a mi cabeza alguna frase suelta dicha por alguno de mis compañeros, aunque de la que más me acuerdo es del "¡cómo me pones!" que se podía escuchar casi siempre los lunes por la mañana. También recuerdo las épocas de exámenes, cuando nuestra tutora nos decía que los libros nos los teníamos que aprender de memorieta. Me acuerdo mucho de las clases de física y química de Barbero y de todos los profesores que tuvimos el curso 1998-99.
Recuerdo con una gran sonrisa en los labios las cenas que organizamos. Si la primera vez que salimos juntos, por las fiestas del Instituto me lo pasé bien, cuando salimos todos juntos por las fiestas de Graduado me lo pasé genial, y no hay nada que pueda decir de la cena de fin de curso, porque para eso no tengo palabras.
Hace poco tiempo las agendas se abrieron y nos volvimos a juntar todos nuevamente en otra maravillosa cena. Me lo pasé muy bien aunque debo reconocer que ya no es lo mismo.
Echo de menos a todos y cada uno de ellos. Quiero que sepan que siempre que los recuerdo, una gran sonrisa aparece y aparecerá en mi rostro y en lo más profundo de mi corazón, una pequeña voz grita y gritará el lema de nuestras cenas. Con cariño,
LA PROFESIÓN DE PROFESOR O ¿ESTÁ LA DOLORES?
En un lugar del Instituto, de cuyo nombre si quiero acordarme, (en castellano moderno Sala de Profesores) no ha mucho tiempo que irrumpió un alumno ....... Tras abrir con energía la puerta apuntilló:
- ¿Está LA DOLORES?. Quedamos los profesores atónitos y suspensos. No asustose mucho el rapaz.
Un hidalgo profesor pensó, pero calló: "mire vuestra merced que aquella que
parece La Dolores no es sino Dña Dolores"No queremos ponernos paternalistas, y menos ahora que el curso está dado los últimos coletazos, pero no cabe duda que ha habido en los últimos años una auténtica ruptura de la imagen del profesor.
En países como Suecia, Francia, Gran Bretaña.... está habiendo problemas para reclutar profesores entre los jóvenes. Parece que esta profesión de profesor está dejando de ser atractiva.
El mundo cambia; la ciencia y la tecnología avanzan; las formas de vida, las costumbres (por suerte) son diferentes. En pocos años los cambios han sido vertiginosos. Ha habido muchos cambios y esperemos que haya más "reformas".
Hoy se exige que el profesor sea comprensivo, tolerante, bondadoso, paciente, humano, competente, psicólogo, dialogante, respetuoso, democrático..... ¿Tendremos tiempo para ser tantas cosas?.
Queremos contaros, queridos alumnos, que tras esa puerta, en la que irrumpió enérgicamente vuestro compañero, hay un grupo de personas, vuestros profesores, a los que todavía nos gusta nuestra profesión. Estamos, aunque parezca raro, contentos con nuestro trabajo. No siempre se nota. No siempre trasmitimos ese entusiasmo, pero disfrutamos enseñando. Nos parece importante lo que intentamos trasmitiros.
Intentamos adaptarnos a los cambios. Vosotros nos ayudáis a esa adaptación.
Queremos deciros, que podéis seguir viniendo a la Sala de Profesores cuando necesitéis algo. Nos gusta que contéis con nosotros. Y que La Dolores, El
Pedro, ... cualquiera de nosotros estará siempre ahí, tras esa puerta que aunque suela estar cerrada, SIEMPRE ESTARÁ ABIERTA PARA VOSOTROS.Con cariño,