| VILLAFRANCA
de los BARROS |
MARCO
GEOGRÁFICO
Situada en pleno
corazón de Extremadura,entre las Vegas del Guadiana y las Sierras
del Sur, se encuentra la Tierra de Barros, una de las comarcas de personalidad
más acusada y representativa de la región. Linda por el SW
con las Sierras de Monsalud, Salvatierra y Feria, que la separan de las
posesiones del antiguo Señorío de Feria, y por el NE con
la Sierra de Hornachos que establece la divisoria con La Serena. Hacia
poniente se prolonga hasta la línea de Los Entrines, solapándose
por levante con la Campiña de Llerena, a través de Calzadilla,
Usagre y Llera según términos no siempre precisos.
Su paisaje, predominantemente
llano, está constituido por suelos arcillosos muy aptos para el
cultivo de secano, de tonalidad fuertemente rojiza que justifica la denominación
del territorio. El clima se distingue por las elevadas temperaturas y la
escasa pluviosidad. Sus excepcionales condiciones de fertilidad y el esmerado
trabajo de su naturales hace que la Tierra de Barros haya sido tradicionalmente
zona de extraordinaria pujanza agrícola.
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Vistas panorámicas de Villafranca
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La práctica
totalidad de su superficie se cubre de enormes campos de cereales, olivos,
y sobre todo viñas, ordenados con exacta regularidad. Progresivamente
la vid ha ido desplazando a los hasta poco inmensos trigales, para constituirse
en la actualidad en el cultivo hegemónico y base principal de la
actividad económica de la zona, a través de un completo proceso
de producción y elaboración que culmina en los afamados aceites
y apreciados caldos y vinos de alta calidad, que en enorme cantidad tienen
su origen en la comarca.
Poblada desde época
remota, como patentizan los numerosos testimonios aflorados en el área
correspondiente a las épocas prehistóricas, prerromana y
romana, la comarca alcanza su mayor florecimiento y significación
tras su ocupación a los árabes por los cristianos en el Siglo
XIII, época en que el territorio se dividió entre las jurisdicciones
de la Orden de Santiago y el Señorío de Feria. En la primera
se integraron Almendralejo, Villafranca, Los Santos de Maimona, Fuente
del Maestre y otros núcleos, pasando a posesión de los Suárez
de Figueroa, Villalba, Solana, Santa Marta y Corte de Peleas. Históricamente,
pues, la comarca de Barros, unitaria como pocas de la región en
el aspecto geográfico, se reparte entre las dos demarcaciones jurídicas
más poderosas de Extremadura.
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Son muchos los autores,
eruditos e investigadores los que nos acercan a los orígenes y al
verdadero qué de la realidad que cada día vivimos. Por citar
algunos, destacamos, entre otros, a José Cascales Muñoz,
que en 1.904 nos daba a conocer sus Apuntes para la Historia de Villafranca
de los Barros, reeditados en 1.982; a Antonio de Solís y Sánchez
Arjona con su Villafranca en la Historia (1.982); a Manuel Garrido
Santiago con su estudio sobre Arquitectura religiosa del siglo XVI en
Tierra de Barros (1.983), con importantes referencias sobre el Arte
en nuestro pueblo; y por último, a Alonso Rodríguez Díaz
que ha estudiado los restos arqueológicos de Los Cortinales (Edad
del Cobre) y el poblamiento romano de buena parte de la comarca de Tierra
de Barros.
LOS CORTINALES.
En nuestro pueblo, existe un poblado de la etapa final del período
Calcolítico en el lugar conocido por "Los Cortinales". La existencia
de este yacimiento arqueológico fue conocida a partir de la construcción
de los depósitos de agua que desde hace aproximadamente veinticinco
años abastecen nuestro pueblo. A pesar de que dichas obras dañaron
gran parte del yacimiento, se conservaron algunas zonas intactas que permitieron
en 1.984 y 1.985 llevar a cabo una campaña de excavación
arqueológica dirigida por la Dra. Dña. Milagros Gil-Mascarell
Boscá y Alonso Rodríguez Díaz, ambos del Departamento
de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Extremadura.
Resultado de las excavaciones.
Los resultados pueden resumirse en la aparición de una serie de
fosas excavadas en un suelo de tipo calizo muy compacto, cuya función
es difícil de precisar aún. Sin embargo, según los
citados arqueólogos, algunas de estas fosas pudieron estar destinadas
a viviendas y otras a lugares de almacenamiento de granos, silos, según
las formas conservadas. Las primeras son de planta circular u oval y de
escasa profundidad. Sobre ellas iría una cubierta vegetal de la
que tan sólo se han conservado trozos de barro con improntas de
ramaje. Por su parte los posibles silos muestran perfiles acampanados y
su profundidad es mayor. Los materiales cerámicos aparecidos en
estas fosas son muy parecidos a los de "La Pijotilla" (Badajoz), y nos
remiten a una etapa final del Calcolítico, aproximadamente
entre 2.000 y 1.800 antes de Cristo.
La aparición de huesos animales, los
posibles silos y la proximidad de una mina de cobre abandonada apuntan
hacia una economía mixta, basada principalmente en la agricultura,
la ganadería y posiblemente la minería. Este último
aspecto no ha sido comprobado aún por no haber aparecido ningún
fragmento metálico durante la excavación, pero no se descarta
su presencia dado que la superficie excavada hasta el momento es muy reducida.
ARTE
Sin duda alguna
la Historia del Arte en Villafranca está apoyada en tres importantes
pilares que constituyen una interesante aportación al panorama artístico
comarcal y regional. Dichos pilares son: la Iglesia Parroquial de Ntra.
Señora del Valle, su platería y la ermita de Ntra. Señora
de la Coronada. La construcción de la Iglesia Parroquial de Ntra.
Señora del Carmen es relativamente reciente y prácticamente
carece de interés artístico.
Portada del Perdón (Parroquia del Valle)
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Ermita de la Coronada
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Manuel Garrido sitúa
la arquitectura de nuestro pueblo en un ámbito comarcal, de férreo
control por parte de la Orden de Santiago, donde la penetración
de las corrientes artísticas es lenta y en bastantes casos suelen
mezclarse en una misma obra distintos estilos. Así, lo plenamente
renacentista no se pone en práctica hasta la mitad del siglo XVI.
Los cánones
Renacentistas conviven con elementos góticos, produciendo obras
de estilos mixtos e indefinidos, con cierta tendencia arcaica. Todas estas
obras manifiestan influencias salmantinas en planes arquitectónicos,
pero no ocurren igual en la cuestión decorativa, donde la influencia
andaluza, es clara.

FOLKLORE
En Villafranca, al igual que en gran parte
de la región extremeña, salvo excepciones, es difícil
hablar de un folklore propio. Esta pobreza cultural sólo es explicable
por la inexistencia de una voluntad colectiva para perpetuar determinadas
costumbres que pudieran existir, limitándose a imitar los patrones
que nos llegaban del exterior, principalmente de Castilla y Andalucía.
FIESTAS POPULARES
En nuestro pueblo las fiestas populares
han ido, casi en su totalidad unidas a las celebraciones religiosas, siendo
prácticamente inexistentes las de carácter pagano.
De las fiestas religiosas se pueden destacar
por sus especiales características la del Domingo de Resurrección
y la de San Isidro Labrador; ambas incluyen festejos con salida de la población
hacia diversos puntos del término municipal. Proliferan en estas
celebraciones multitud de cancioncillas, que aprovechando músicas
foráneas, se repiten a través del tiempo.
(Camino de San Isidro)
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A LA IDA
"La cuesta arriba subimos,
la cuesta abajo bajamos,
y en lo alto, San Isidro,
donde todos descansamos".
A LA VUELTA
"Venimos de San Isidro
de comernos un borrego,
si no lo quieres creer
aquí traemos los cuernos".
(Cancioncilla popular)
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Coincidiendo con el Domingo de Resurrección
se celebraba un mercado de ganado que llamaban "Aleluya".
Del resto del santoral, múltiples
celebraciones: la Cruz de Mayo, la Virgen del Carmen, del Pilar, de la
Coronada, de Agosto, San Antonio, etcétera, no revisten especial
interés.
Destaca como dato curioso la celebración
del Día de los Difuntos y Todos los Santos. En estos días
casi todos los villafranqueses salen de visita al cementerio y comen la
"chaquetía". Se le da el nombre de chaquetía a la comida
que se lleva en una cesta de mimbre: higos, bellotas, castañas,
nueces, manzanas, bollas. Tiene su origen en que los monaguillos recogían
higos, nueces, etc., para luego comérselos mientras tocaban las
campanas, desde la tarde de "Todos los Santos" hasta pasado el "Día
de los Difuntos".
COSTUMBRES Y TRADICIONES
Se recogen en este apartado algunas de
las costumbres y tradiciones de nuestro pueblo. Algunas ya desaparecidas.
El
día 7 de diciembre por la noche salían los muchachos con
campanillas y esquilas recorriendo las calles. Quizás se tratara
de recordar que en tiempos lejanos, debido a un fuego, los bueyes de una
quintería aparecieran en las calles del pueblo. Puede que se trate
también de una reminiscencia de las fiestas de acomodo de los boyeros.
El
Domingo de Resurrección se celebra la procesión de los "Abrazos".
La originalidad radica en la forma de hacerla: Las dos imágenes,
la de la Virgen y la del Cristo, recorren caminos distintos para confluir
en un punto donde simulan los abrazos, entre el alboroto de la multitud
y los acordes del himno nacional.
El
primer Viernes de Marzo se tiene por costumbre ir a pedir "Las tres cosas"
a la imagen del Nazareno que se venera en la ermita de la Coronada.
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El primer Viernes de Marzo
muchos villafranqueses van
a la ermita de la Coronada
a pedir "las tres cosas".
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En
el siglo pasado y principios del presente existían en nuestro pueblo
muchos talleres donde se hacían labores de encajes y bordados que
alcanzaron merecida fama. El origen del buen gusto por la música
y de las agrupaciones corales que tanta fama dieron a Villafranca bien
pudiera estar en las canciones que continuamente cantaban las bordadoras
en los talleres.
Costumbres y Tradiciones que son comunes
en la zona: las matanzas, taponar esquilas y cencerros en señal
de luto, el Viernes Santo, noches de zambombas de la Navidad, etc.
Entre las fiestas de carácter pagano
destaca la recientemente recuperada del Carnaval, que en su día
fuera de gran esplendor, con proliferación de murgas y orfeones
y que terminaban el domingo de Piñata; las celebraciones de los
jueves de comadres y compadres, en los que por una especie de lotería
se vinculaban las personas con una suerte de parentesco, a veces, más
indisoluble que los propios familiares.
En los talleres de bordados, al son de
la aguja, se cantaban estribillos que bien puedieran ser como los de la
Jota de Villafranca:
Las enaguas que tú llevas
mi madre te las bordó,
dale niña, tú, a la aguja
que así te quiero yo.
Cuando salgas del taller
ya sabes donde te espero:
la "cera" Don Agustín,
date prisa que me muero.